Moneyball, el negocio del fútbol moderno

Moneyball, el negocio del fútbol moderno

Fuente: elfutbolesinjusto.com

 

La evolución histórica del deporte ha mostrado ser uno de los grandes aspectos culturales de las sociedades. En este sentido, la Guerra Fría ya mostraba la lucha hegemónica entre Estados Unidos y la URSS por incentivar una clase de deportistas nacionales de reconocimiento internacional. Si bien la disputa entre estos países se fraguaba en una pluralidad de deportes célebres, la realidad del siglo XXI es que muchos de ellos han ido perdiendo protagonismo en beneficio de la entrada mediática y el uso comercial de uno en especial: el fútbol. 

El fútbol se ha posicionado como la principal actividad deportiva social de muchos países. Su “nacimiento popular” en el siglo XIX presentaba unos rasgos socioculturales distintos a lo que conocemos en la actualidad. En sus comienzos, el fútbol representaba un aspecto ocioso de la sociedad en que los obreros de una industria jugaban contra los trabajadores de otra. Así, la identificación futbolística no reunía una

El fútbol (verde oscuro) representa el deporte más popular en una gran parte de las potencias mundiales. Fuente: Wikimedia

En la actualidad, la transcendencia del fútbol llega a cualquier rincón del planeta. Los clubs de fútbol se han convertido en marcas comerciales e incluso en distintivos especiales de los países. Se presume de tener los equipos más competitivos en las ligas nacionales, a los mejores jugadores y, de manera ¨más encubierta¨, se goza de los privilegios mediáticos, sociales y económicos que supone todo ello.

De acuerdo a la estrategia digital de transformación del fútbol, los ingresos de los clubs vienen determinados por los beneficios económicos obtenidos en los días del partido, los derechos televisivos nacionales e internacionales y, por supuesto, el proceso de mercantilización de los equipos. Y es justo en este último aspecto donde se ha dado entrada a los grandes inversores, provenientes de diferentes países y con el objetivo de alcanzar grandes ganancias económicas en una industria que ocupa el 0,7% del PIB mundial. Dicho de otro modo, el PIB que genera el fútbol a nivel mundial lo situaría como la economía número 24 del mundo.

Si bien el fútbol está sirviendo como herramienta de imagen pública y de lucha de poderinternacional, la realidad es que ha sido un instrumento útil para la mejora de las relaciones exteriores entre países. Muestra de ello fue el partido amistoso del 2015 que jugaron el New York Cosmos y la selección nacional de Cuba con la intención de restablecer las relaciones diplomáticas entre sus dos países. También el partido amistoso en 2014 entre la India y Pakistán escenificó el fútbol como puente de regeneración de los vínculos territoriales de los países. No obstante, el fútbol también ha teatralizado conflictos sociales, políticos y económicos entre equipos y selecciones, con lo que ha desembocado en lo que Kapuściński ha denominado “guerra de fútbol”.

Para ampliar: “La pelota y el fusil. Tambores de guerra en las gradas”, Adrián Albiac en El Orden Mundial, 2014

Lo que podemos comprender es que el fútbol ha sufrido un proceso de mercantilización que ha reprimido los valores culturales de los que se empapaba antaño. Los multimillonarios contratos a futbolistas, la disputa internacional por los derechos televisivos y las deudas amontonadas de varios clubs empiezan a configurar una burbuja futbolística en torno al deporte. El fenómeno mediático, unido a la entrada de importantes inversores extranjeros sin escrúpulos, está entonando un complejo debate sobre su proceso de desvalorización.

La diversificación del deporte estadounidense

El protagonismo de Estados Unidos en el ámbito deportivo ha estado siempre vigente en el panorama internacional. Además del país con mayor número de medallas olímpicas, destaca por ser una influencia deportiva puntera en juegos como el hockey sobre hielo, el béisbol, el fútbol americano y, por supuesto, el baloncesto. Sin embargo, el país se sitúa a considerable distancia de las grandes potencias del balompié o soccer. De hecho, las diferencias económicas entre los principales deportes estadounidenses y el fútbol europeoson realmente notables, aun teniendo en cuenta el reciente progreso de este último.

Las ligas norteamericanas de fútbol americano (NFL), béisbol (MLB), hockey sobre hielo (NHL) y baloncesto (NBA) superan en ganancias al soccer, aunque el crecimiento de su liga (MLS) es destacable en los últimos años. En conjunto, suman asimismo unos ingresos anuales bastante superiores a los de la FIFA en el año 2014. Fuente: Cartografía EOM

Desde hace unos años, la Liga Mayor de Soccer (MLS por sus siglas en inglés) comienza a destacar mediáticamente como una competición profesional más atractiva. Podríamos afirmar que este nuevo boom estadounidense nació gracias al fichaje del inglés David Beckham por Los Angeles Galaxy, aunque jugadores como Pelé y Beckenbauer ya habían pisado suelo estadounidense en la década de los 70. A partir de la viralidad de este fichaje, la MLS empieza a incorporar una serie de jugadores profesionales de primer nivel, lo cual conlleva no solo una mayor profesionalización y competitividad, sino también una mayor apertura mediática y cultural en la sociedad estadounidense.

Sin embargo, aún existen ciertas irregularidades en la liga de fútbol. Si bien el salario medio de los jugadores ha subido un 2,9% en el año 2016 —en torno a 326.000 dólares—, solamente 28 jugadores de la liga cobraban como mínimo un millón de dólares, y eso que en el año 2014 siete jugadores poseían prácticamente un tercio de todo el dinero de la MLS. Cabe resaltar que la evolución de esta liga —en 2014 vivió un aumento de espectadores en los estadios del 10,4%— y del fútbol como aspecto cultural hace prever que poco a poco se vaya asentando en la práctica social y deportiva estadounidense, tal y como muestra el hecho de posicionarse como la sexta liga de fútbol del mundo en asistencia a los estadios.

A diferencia de otros países, la estrategia futbolística de Estados Unidos se ha basado en la atracción de grandes jugadores que, mayoritariamente por su edad, deciden competir en una liga menos exigente y con un contrato aún superlativo para sus carreras profesionales. No obstante, cabe matizar que todo esto se concentra sobre el grueso mediático del deporte en general: el fútbol masculino. En el caso de las mujeres, la selección nacional de fútbol destaca por ser una de las grandes potencias del sistema internacional y un claro referente para Estados Unidos. Y, al igual que en las grandes empresas, las diferencias económicas —y mediáticas— entre los dos sexos comporta una desigualdad preocupante.

Para ampliar: “De EE. UU a China: la exótica retirada de los futbolistas”, Aldo Vázquez en Sphera Sports, 2017

Fuente: Statista

Siguiendo la estrategia de acogida de futbolistas longevos y del sistema liguero de la MLS, la inauguración en 2013 de la Superliga de India —oficialmente, Hero Indian Super Leaguepor temas de patrocinio— supuso un matiz diferente. La Superliga India se construyó como un complemento de las ligas profesionales de la Federación de India, compuesta por ocho equipos y cuya competición dura alrededor de tres meses. Se espera que con la creación de esta liga, protagonizada por equipos y sobre todo jugadores extranjeros estrellas, se fomente una fuerte cultura futbolística en el país y una federación nacional de fútbol influyente.

De la inversión a la producción: la estrategia sino-rusa

El caso chino resulta un tanto peculiar por su espectacular crecimiento futbolístico en los últimos años. La única vez que la República Popular China ha participado en algún torneo futbolístico internacional fue el mundial de Corea y Japón de 2002, cuando ambos países anfitriones tenían ya garantizados sus respectivos pases a la competición. Con la intención de posicionarse como la primera potencia mundial del fútbol en 2050, grandes empresarios chinos empezaron a invertir en el mundo del fútbol, apoyados por la simpatía y afición del presidente chino, Xi Jinping, hacia este deporte.

Principales equipos europeos financiados por empresarios chinos. Fuente: Bloomberg

Existen diferencias estratégicas entre la llamada Superliga de China y la MLS estadounidense. La primera apuesta por la compra e inversión en jugadores jóvenes, es decir, convencer a los futbolistas no solo por grandes cantidades de dinero, sino también por la expectativa de organizar una liga competitiva e internacionalmente influyente. Mientras, la MLS se centra en acoger jugadores más longevos cuyas trayectorias futbolísticas están tambaleándose por el paso de los años, pero que suponen un factor más mediático para recoger mayor afinidad social con el fútbol. En definitiva, el proyecto chino es nacionalmente más ambicioso. Muestra de ello es la obligación de practicar fútbol en los colegios chinos desde 2015. De hecho, esta pretensión cruzó fronteras territoriales cuando se confirmó que la selección china sub-20 jugará la próxima temporada en la cuarta división de Alemania.

Para ampliar: “China U20 en Alemania: ¿Interés económico o de desarrollo?”, Dani González en Sphera Sports, 2017

Este afán económico competitivo ha obligado a medidas restrictivas al Gobierno chino desde que el fichaje de Carlos el Apache Tévez por el equipo Shanghai Shenshua por 40 millones de euros por temporada desquebrajara el mercado del fútbol chino. Desde entonces, la República Popular China ha impuesto una serie de restricciones con el objetivo de limitar el gasto económico de los equipos y avivar el crecimiento del propio fútbol nacional chino.

Um comentário em “Moneyball, el negocio del fútbol moderno

  • 12 de setembro de 2017 em 21:49
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    Muito boa a matéria.
    O futebol está perdendo a graça porque virou um grande negócio.
    Pode mais quem chora menos.

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